Estamos en pleno corazón de la comarca de Sangüesa, en el Camino de Santiago.

Te presentamos una serie de lugar y rutas donde poder hacer turismo cerca de nuestro hotel. No solo podrás disfrutar de una estupenda estancia sino que además queremos que conozcas el espectacular entorno en el que nos encontramos.

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Castillo de Javier:

El castillo de Javier nació como torre de señales y vigilancia entre los siglos X y XI. En torno a esta Torre del Homenaje o San Miguel se fueron añadiendo estancias, quizás por la existencia del agua fresca de su aljibe. El polígono delantero alojaba estancias señoriales y el trasero se habilitó para bodegas, graneros y otros servicios. En 1516, el Cardenal Cisneros ordenó arrasar los muros exteriores que rodeaban la fortaleza, desmochar las torres, cegar los fosos con las piedras de las almenas, inutilizar los matacanes y saeteras y destruir los puentes levadizos. En 1892 y 1952 se realizaron obras de restauración que le devolvieron su aspecto actual. La visita a la capilla nos permitirá admirar la bella imagen de nogal del Santo Cristo, del siglo XIV, que según la tradición sudó sangre en los momentos difíciles de la vida de San Francisco Javier, la última vez, el día de su muerte.

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Ruta 1:

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Villa Hispano - Romana de Liédena

Camino de Sangüesa, merece la pena detenerse frente a la imponente raja de la foz de Lumbier abierta por el río Irati en la sierra de Leire. Allí mismo se encuentran los restos de una villa romana que muestra al exterior la planta de dos edificaciones superpuestas.

Una es más sencilla, perteneciente al siglo 11, y consta de un peristilo, o patio interior, a cuyo alrededor se distribuyen otras dependencias, un salón o tablinium, un triclinium o comedor y unas instalaciones termales. La otra es posterior, del siglo IV, y más extensa. Reutiliza la zona del peristilo y le añade un patio, termas y otras dependencias agrícolas y unas 50 habitaciones quizás destinadas a una pequeña tropa. En el Museo de Navarra se conservan mosaicos, utensilios, una inscripción funeraria y bastantes Cerámicas.

Rocaforte

A un Km. de la carretera se alza a la derecha, la villa de la Val de Aibar llamada Rocaforte y, en la documentación medieval, Sangüesa la Vieja. Uno se da cuenta, por su emplaza­ miento defensivo, del papel que pudo desempeñar en los siglos X y XII como baluarte del reino de Pamplona frente a los musulma­nes. La vista desde la iglesia (sie­rras de Leire y Peña, parte de la Val de Aibar, enlace del Aragón con el Irati, Sangüesa) no tiene desperdicio. Aún eran claramente visibles, a fines del XVIII los restos de las murallas y del castillo ro­quero, derruido en 1516. Rocaforte es un concejo del ayunta­miento de Sangüesa, el único de Navarra que mantenía un régi­men jurídico‑económico especial, lo que hizo litigiosas las relacio­nes entre ambos hasta que en 1985 firmaron el conve­nio hacendístico hoy vigente. La población rondó los 200 hab. desde 1858 a 1960; hoy sólo tiene 58.

A falta de castillo, que en otro tiempo enseñoreó la villa desde lo alto del cabezo, la parroquia, un edificio gótico‑renacentista del siglo XVI, domina el caserío. En su interior destaca un pequeño retablo romanista presidido por una talla moderna de San Francisco Javier.

Al noreste de Rocaforte se encuentra el convento de San Francisco, del que forma parte la ermita de San Bartolomé, lugar donde, según la leyenda, se detuvo San Francisco de Asís (1213) camino de Compostela y donde fundó su primera casa en España.

Sangüesa

Las funciones de frontera, pasó, contacto e intercambio propio de los espacios de transición, las ha desempeñado siempre Sangüesa, que se encuentra a orillas M Aragón, cerca de las desembocaduras del Irati y el Onsella, en el piedemonte interno de las sierras de Leire y Peña. Defensa, ruta y puente, mercado comarcal, centro político-administrativo cultural y social, todo esto ha sido y es Sangüesa. Con el acondicionamiento del polígono industrial aspira a convertirse así mismo en una ciudad fabril.

El lema de «la que nunca faltó» le cuadra bien, porque durante casi toda la edad media la nueva Sangüesa, creada en substitución de la vieja con el aliento repoblador de Sancho Ramírez y Alfonso el Batallador, más para el comercio, la administración, la religión y la cultura que para la guerra (el frente musulmán estaba ya en el Ebro), hubo de ceñirse con murallas y cobijarse bajo la vigilancia de un castillo, porque, separados los reinos de Navarra y Aragón, se encontraba cerca de la frontera, frente a Sos del Rey Católico. Incorporada Navarra a la corona de Castilla, el papel defensivo de Sangüesa perdió muchos enteros; sólo quedan restos de sus antiguos baluartes, entre ellos las torres almenadas de Santa María y Santiago, ubicadas en lugares estratégicos del recinto amurallado.

La ruta y el puente son otros dos importantes símbolos sangüesinos. De este a oeste recorre la Canal de Berdún y la Tierra de Sangüesa un viejo camino natural que continuaba hacia Tafalla por el puerto de Loiti, camino sembrado de restos romanos y que revitalizarían las peregrinaciones europeas a Santiago de Compostela. No se olvide el cruce de esta ruta este-oeste con la norte sur de las cañadas pirenaicas. Sangüesa obtuvo el privilegio de mercado, en 1430, y ejerció esta función siempre, aunque nunca con tanta fortuna como otros núcleos de los somontanos pirenaicos, dada la pobreza de la zona. Y desde el siglo XIII fue cabeza de la merindad de su nombre.

Con la incorporación de Navarra a Castilla y el declive de las peregrinaciones jacobeas, Sangüesa pierde buena parte de la importancia que tuvo. La población entra en un proceso general de estancamiento, con altibajos, hasta nuestros días: 3.310 hab, en 1860, 3.255 en 1900, 3.813 en 1950, 4.645 en 1970, 4.572 en 1981 y 4.445 en 1991.

El plano de Sangüesa es un excelente reflejo de su historia; puede verse el trazado pentagonal del burgo del siglo XI, con eje en la calle Mayor, el de la nueva población del XII, remodelado en el XIII, y, fuera de las murallas medievales, los barrios de la Oltra (orilla derecha del Aragón) y Castellón (cerca del puente) y los conventos de carmelitas, franciscanos, dominicos y mercedarios. En nuestro siglo ha sido grande la expansión provocada por la industria papelera y textil (355 y 100 empleados, respectivamente).

Comenzaremos el recorrido por Sangüesa en el puente metálico sobre el río Aragón, a la vista más bellas iglesias de Navarra y en ella se pueden apreciar varias etapas constructivas: románico puro en los ábsides, transición en transepto, naves y portada -bellísima-, con un programa iconográfico de los más interesantes donde destacan las columnas-estatua y arquivoltas talladas profusamente; el tímpano con apostolado presidido por la Virgen y el cuerpo superior, en dos pisos con otro apostolado bajo arquerías de medio punto. Corona el conjunto una preciosa torre gótica almenada. En su interior destacan el retablo mayor plateresco realizado por Jorge de Flandes con la talla gótica de la Virgen de Rocamador, un crucifijo barroco, el grupo gótico flamenco de la Piedad, el retablo renacentista de San Miguel, de tablas pintadas, y la gran custodia procesional del siglo XV.

Siguiendo por la calle Mayor, a mano derecha, está el palacio de los Duques de Granada, de¡ siglo XV, y, a continuación, el de Guenduláin, barroco del XVIL Torcemos por Alfonso el Batallador hasta encontrarnos con la actual Casa de Cultura, ubicada en el señorial palacio de Valle-Santoro, con fachada churrigueresca, monumental alero e interesante escalera interior. Poco más adelante se halla la iglesia gótica del Salvador con bella portada en la que se representa el Juicio Final bajo pórtico abovedado. En el interior hay un retablo mayor romanista, realizado por Juan de Berroeta y Juan de Alh, otro pequeño de pintura hispanofiamenca y una caja de órgano renacentista, la más antigua de Navarra.

Apoyado en la muralla, de la que se conservan restos y el portal de la Tajadera, también llamado de Carajeas, se alza el convento del Carmen, gótico y con un austero claustro: se ha habilitado para Conservatorio de Música.

Volviendo a la calle Mayor, se llega al Ayuntamiento, de sobria fachada renacentista sobre una galería porticada que da paso a una plaza que termina en las traseras del palacio del Príncipe de Viana, con dos torres almenadas y foso. Continuamos por la calle Mayor hasta la de Santiago, que nos lleva a la iglesia homónima, comenzada en el románico tardío -portada y cabecera- y continuada en el gótico. Es de planta basilical de tres naves, construida al estilo francés de Roncesvalles con un retablo mayor barroco y una gran escultura pétrea de Santiago, gótica, que recuerda el Cristo sedente de la portada de San Salvador, En el baptisterio, se conserva una talla de San Jorge y un retablo de pintura procedente del convento del Carmen, dedicado a San Eloy, patrón de los plateros de Sangüesa.

Otra vez en la calle Mayor tenemos ocasión de ver algunas casas blasonadas antes de llegar al convento de San Francisco, con una iglesia y un claustro góticos admirables en su sencillez.

Fuera de la población, camino de Sos, está la iglesia románica de San Adrián de Vadoluengo, con portada de tres arquivoltas sobre columnas y capiteles tallados.

A Sangüesa se le conoce por sus hortalizas, especialmente «las pochas», también por su artesanía, fundamentalmente de forja, y por celebrar la festividad de los Reyes Magos con la representación popular de un auto sacramental.

Gabarderal - Peña

Partiendo de Sangüesa podemos visitar Peña y Petilla de Aragón. Tomamos la carretera de Sos del Rey Católico; a unos dos Km., un ramal bien señalado lleva a Gabarderal y Torre de Peña, desde donde se puede ascender por un camino a la villa medieval, desolada. Volviendo al punto en que abandonamos la carretera de Sos, la seguimos en dirección este, por la Valdonsella, siempre atentos al desvío que indica Petilla de Aragón.

A 4 Km. de Sangüesa, dentro de su término municipal, se encuentra Gabarderal, uno de los sieblos de colonización creados en los regadíos del canal de las Bardenas- casi todos son parecidos, y demográfica mente regresivos: 152 hab. en 1970, 125 en 1981 y 109 en 1991.

A otros 4 Km. se localiza el caserío de Torre de Peña, incluido en un extenso anejo del ayuntamiento de Javier, que alberga también a la histórica villa de señorío de la Val de Aibar que lleva por nombre el de Peña; roca y piedra son también frecuentes en la toponimia de las zonas que padecieron inseguridad crónica.

Peña fue en la alta Edad Media un puesto enriscado de vigilancia, defensa y ataque frente a los musulmanes. Separados los reinos de Navarra y Aragón, Peña quedó incluido en éste, pero en 1209 pasó a manos de Sancho el Fuerte en prenda de los 20.000 morabetines que había prestado el rey navarro a Pedro Xl de Aragón; Jaime l aceptaría definitivamente esta pertenencia en 1232. La villa de Peña, que llegó a tener hasta 104 hab. en 1910, bajó a 50 en 1950 y ya no figura en los nomenclátores de población posteriores.

El despoblado de Peña tiene gran interés por varias causas. Una sería su emplazamiento sumamente agreste sobre una meseta inclinada, cortada por todos sus lados menos por la zona de la muralla que aún conserva en parte. Otra, la fortificación que la hacía casi inexpugnable, con su torre como proa apuntando hacia tierras del vecino reino de Aragón. Otra es su iglesia de San Martín, integrada plenamente en el recinto defensivo -tiene hasta matacanes protegiendo la puerta del camino de Aragón-. Contiene un retablo renacentista del siglo XVI y un Cristo que, aunque sea de principios del siglo XIII, muestra algunas características románticas.

Petilla de Aragón

Como Peña, fue bastión defensivo en la frontera de la Valdonsella ante los musulmanes. Emplazado en alto (842 m) aprovechando igualmente el roquedo natural para el acondicionamiento de sus defensas, Petilla sigue siendo villa poblada y municipio independiente, formado por dos islotes de terreno navarro (el de la villa y el de Bastanes) rodeado por Aragón.

Pasó definitivamente a la corona de Navarra en las mismas fechas y circunstancias que Peña. Aislado en medio de las agrestes soledades serranas de la Foz y la Bacia, cubiertas de robles, hayas y pinos, el término de Petilla de Aragón está avenado por un río barranco que se une al Onsella en Gordún. Es pueblo extremadamente decadente: 716 hab. en 1858, 459 en 1900, 261 en 1950, 93 en 1970 y 44 en 1991.

La iglesia parroquial de Petilla, dedicada a San Millán, es un edificio gótico del siglo X111 de una sola nave a la que se accede por una puerta de medio punto abocinada de tradición románica. De su primitivo retablo mayor quedan algunas figuras, relieves y un Cristo muerto. La imagen de Nuestra Señora de la Caridad, gótica del siglo XIII, un Crucificado gótico del XIV, la pila bautismal renacentista de 1586 y la barandilla original del coro, de estilo gótico tardío, son los elementos artísticos más importantes, aparte de la propia Iglesia.

Yesa

El municipio comprende al norte una parte de la solana de Leire y al sur los glacis de piedemonte de dicha sierra y las terrazas de la margen derecha del río Aragón. Estuvo encuadrado en la Edad Media en el valle de Aibar y después en el corrido de Liédena. El lugar se halla a 492 m de altitud, y es conocido principalmente por el embalse de su nombre y el turismo y las urbanizaciones a que dicha obra pública ha dado lugar.

A su término se incorporó, tras la desamortización de Mendizábal, el monasterio de Leire, del que durante siglos Yesa fue señorío eclesiástico. Hoy es mucho más un pueblo turístico, deportivo y de veraneo que agrícola. Incluyendo el monasterio y las urbanizaciones Lasaitasuna y Náutica de Leire la población de 1991 sumó 296 hab. De 1858 a 1900 osciló entre 400 y 500 y entre 1900 y 1950 rondó los 300-400. Las obras del embalse y el canal hicieron que la población subiese coyunturalmente a 829 hab. En 1950.

La antigua parroquia es un edificio del siglo XIII que conserva algunas pinturas murales. La actual, dedicada a S. Esteban, construida en 1950, guarda en varios espacios el retablo mayor de la Colegiata de Roncesvalles.

Siguiendo desde Yesa hacia el este por la N-240 pronto llegamos a la presa del embalse; se puede pasar por ella a la otra orilla. Y si nos queda tiempo, sería bueno bordear por el norte el pantano hasta su cola, bajo el formidable farallón calizo de la sierra de Leire.

EMBALSE DE YESA La presa se encuentra en el término de este municipio navarro, pero la mayor parte de las 1.900 ha que pueden cubrir las aguas del embalse pertenecen a la provincia de Zaragoza. La historia de su construcción es una complicada serie de anteproyectos, aprobaciones, paralizaciones, nuevos estudios, etc., hasta que en 1934 se aprueba el primer proyecto del ingeniero y famoso futbolista René Petit -que no pudo llevarse a cabo y en 1956 el segundo, que rigió la ejecución definitiva de las obras. La inauguración oficial tuvo lugar el 1959, pero no entró en funcionamiento hasta 1960.

Se hizo principalmente para represar las aguas del Aragón y alimentar al gran canal de las Bardenas (60 M3/Sg). Tiene una capacidad de 470 Hml; la del aliviadero asciende a 3.000 m’/sg. La presa mide 77 m de altura sobre los cimientos y 62 sobre el cauce. Está previsto elevar a 116 m la presa actual e incrementar así la capacidad útil hasta 1.390 Hm, que anegarían 4.804 ha, y construir sendas centrales hidroeléctricas, una a pie de presa y otra en la toma del canal.

Desde Yesa y siguiendo el recorrido señalado por la N-240 de Jaca a Pamplona se toma a la derecha la carretera local que conduce, por la empinada ladera del piedemonte de la sierra de Leire, al monasterio de este nombre, situado a 760-780 m de altitud.

Monasterio de Leyre

Leire no es sólo un monasterio, sino también una sierra que se extiende, de oeste a este, entre los ríos Irati y Seca, y culmina a 1.355 m en Arangoiti. Puede subirse a este monte en automóvil desde el norte, tomando la carretera del repetidor cerca de Bigüezal (R 28), y la verdad es que nadie quedará defraudado si lo hace con tiempo sereno, porque las panorámicas de los cuatro puntos cardinales M horizonte son magníficas: al norte gran parte M Pirineo occidental; al oeste, Izaga, la Higa y la cuenca de Lumbier-Aoiz; al sur, la Tierra de Sangüesa, la Va¡ de Albar y la sierra de Peña; y al este, el embalse de Yesa y la canal de Berdún, con las doradas sierras conglomeráticas de San Juan de la Peña y Oroel al fondo. No menos bella es la vertiente solana de la sierra, vista desde el sur, con una cornisa calcárea en lo alto, modelada a trechos en bellos torreones, un talud sembrado de bloques desprendidos de la cornisa, a continuación, y unos glacis pedregosos que descienden suavemente hacia el Aragón.

La sierra de Leire es frontera. Allí entran en contacto las calizas y margas de eoceno marino con las areniscas y arcillas del oligoceno continental. La vertiente septentrional es una umbría -un paco- en la que medran bien las hayas, y la meridional una solana que sirve de hábitat a quejigos y encinas; al sur está la Navarra mediterránea del olivo y al norte la extramediterránea. Por último Leyre es frontera de Lumbier con Liédena y Yesa, al oeste, y del Romanzado y el almiradío de Navascués con la canal de Berdún aragonesa, al este.

El monasterio de Leire, tal como hoy se conserva, es un conjunto armónico de edificios de distintas épocas y estilos unificado por el color de la piedra y por un marco paisajístico difícil de igualar. De origen prerrománico, era importante centro monástico en el año 848, del que se conserva la cimentación de la iglesia construida bajo la nave. Las obras M templo actual, iniciadas en el reinado de Sancho 111 el Mayor (1004-1035) finalizaron con la Casa de los Evreux (1328-1425).

La visita puede comenzar los tres magníficos ábsides y la esbelta torre. Desde ahí, la cripta, misteriosa y evocadora de leyendas como pocos lugares; es un laberinto de columnas aprisionadas por inmensos capiteles de decoración arcaica y primitiva (l.a s. XI).

Parecida impresión causan las tres capillas y sus naves, la central de mucha mayor altura, con capiteles tallados repitiendo algunos modelos de la cripta, que dan paso a la gran nave gótica de principios del siglo XIV. Conviene contemplar la reja gótica y la arqueta neogótica con los restos de los primeros reyes navarros, el Cristo del siglo XVI, la capilla de las santas Nunilo y Alodia en cuyo interior puede observarse también bella portada románica de tres arquivoltas con capiteles decorados y la imagen de Santa María, versión moderna de estilo protogótico.

Queda la «Porta Speciosa» comparable a las mejores del Camino de no ser por los desajustes provocados al aprovechar elementos de hacia 1100 en una portad de mediados del XII y, sobre todo en la reconstrucción llevada a cabo al terminar la nave gótica M XV La Virgen María, San Juan Evangelista, San Pedro acompañan a San Salvador enmarcados por arquivoltas ricamente talladas. En la parte superior, entre otros, el martirio de las Santas Nunilo y Alodia.

Desde el monasterio descendemos por un glacis cubierto de bloques calcáreos desprendidos de la sierra y por un carrascal mediterráneo, a la N-240, que nos conduce a Liédena.

Liédena

Está situado este lugar, que hasta 1846 formó parte, con Yesa, del corriedo de Liédena, al pie de¡ extremo occidental de la sierra de Leire, en un altozano de 450 m, cerca del río Irati, poco después de recibir éste al Salazar y poco antes de unirse al Aragón en Entrambasaguas. La parte meridional M municipio está cultivada (cereales, viñas, hortalizas), mientras que la septentrional siempre fue un terrazgo silvopastoril. Al este de la primera se encuentra la granja de Cortes, que durante siglos fue disputada por el monasterio de Leire, y al oeste, frente a la foz, los restos de una villa hispano-romana. El río Aragón hace de frontera entre los municipios de Lumbier y Sangüesa, por un lado, y Liédena, por otro.

Hubo aquí una importante estación de ferrocarril El Irati, una fábrica de harinas y la electro-motriz Puente de Jesús, y en la actualidad hay una empresa que fabrica cales, con 22 empleados. Como en tantos otros pueblos de la zona media y la Ribera, la población creció en la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX (481 hab. en 1860, 764 en 1920) y disminuyó después: 646 hab. En 1950 y 282 en 1991.

El interés de la iglesia de Santa María de Belén de Liédena reside sobre todo en su retablo mayor con relieves romanistas de hacia 1630 insertos en una masonería barroca. Destacan la Asunción de María, con las santas Nunilo y Alodia y los relieves de la Oración en el Huerto, Vía Crucis, Anunciación y Visitación. La hornacina central la ocupa una talla gótica de la Virgen con el Niño y, en el transepto meridional, un Crucificado.

Al término de Liédena pertenece la villa romana comentada en la página 148 y el «puente del Diablo», que atravesaba la boca de la foz de Lumbier en un arco de ocho metros de luz. Fue hundido por los franceses en 1812.

Desde Liédena se va por un camino que jalona -como el desaparecido Fc. El Irati- a este río, hasta Lumbier, atravesando la foz de este nombre, desde el túnel de entrada, al sur, hasta el de salida, al norte. Como tantas otras del Pirineo, la «angostura pétrea» de este cañón fluvial fue labrada por el Irati mediante el mecanismo geológico de la epigénesis ayudado por las diaclasas y fracturas de las calizas y los procesos cársticos de disolución subterránea. Una parte de este trayecto se encuentra sin asfaltar en el momento de escribir los textos, pero nos ha parecido interesante incluirlo.

Foz de Lumbier

Continuamos por el camino paralelo al Irati y al antiguo Fc. que atraviesa la extremidad occidental de la sierra de Leire mediante una garganta estrecha delimitada por paredones calizos subverticales. El paraje es conocido como la Foz, y en 1987 fue declarado Reserva Natural. De «angostura pétrea» lo calificó acertadamente Altadill. El río Irati, poco después de recibir al Salazar, corta transversalmente último pliegue anticlinal de la compleja estructura geológica de Leire, aquí constituida por calcarenitas y margas cocénicas. El río excavó con facilidad en las margas, pero conforme profundizaba, quedó aprisionado en las calizas; la disolución cárstica y las diaclasas y fracturas facilitaron la profundización del cauce. En el interior de la foz, pueden observarse fundamentalmente carrascas y quejigos, y hay una importante colonia de buitres que sobrevuela la garganta.

Los asentamientos prehistóricos y el poblamiento romano de la tierra donde se asienta Lumbier se justifican bien, si se recapacita en las virtualidades del espacio geográfico: la villa se alza en un cerro de cumbre plana y 467 m de altitud situado entre una cuenca margosa y el apéndice noroccidental de la sierra de Leire, en la orilla izquierda del Irati, que viene del norte, engrosado ya con los aportes del Erro, Urrobi y Areta, y en la derecha del Salazar, que sigue un trazado este-oeste desde que sale de la foz de Arbayún. Defensa fácil, agua y tierra de cultivo abundantes, confluencia de rutas naturales pirenaicas, contacto de modos de vida y economías diferentes y complementarias, todo ello ha de tenerse en cuenta para comprender la importancia histórica de Lumbier. Unas veces se la ha incluido en la tierra de Urraul, otras en el Romanzado o la Lónguida o en la Val de Aibar, siempre, claro está, como villa separada o suelta. Algunos opinan que el nombre se halla en relación con el hecho de que Sancho el Fuerte y Teobaldo 1 la repoblaran y le otorgaran fueros y privilegios, que serían confirmados en 1274 y 1307.

En 1391 Carlos 111 el Noble logró unir las Jurisdicciones y barrios, separados hasta entonces de francos e hidalgos. Además de pueblo agrícola del tipo que recuerda bastante lo mediterráneo (bodega cooperativa), Lumbier ha sido y es comercial e industrial. Obtuvo en el siglo XV el privilegio de celebración de dos ferias anuales, que comenzaban el 30 de mayo y el 4 de noviembre, y un mercado semanal, privilegios que tendrían inmediata confirmación real cuando Navarra es conquistada por el duque de Alba. En una plaza de la villa se vendía ganado y en otra granos y verdura. Su importancia comercial disminuyó en nuestro siglo. Tuvo molino y luego fábrica moderna de harinas, y tejería y hornos de cal, pero sobre todo destacó la alfarería (24 hornos hacia 1838, 10 hacia 1920). En la actualidad sobresale la industria cárnica (147 empleados) y la del mueble (39).

Contando la población dispersa (casa-venta del Alto de Loiti, ventas de Judas, estación de ferrocarril y ermita y casa de San Bartolomé), tuvo en torno a 2.000 hab. entre 1860 y 1930, bajando a 1772 en 1950 y estancándose en 1.450-60 desde 1981.

Lumbier ofrece al visitante atractivos diversos: paisaje, arte, buen clima e interesantes alrededores. En el aspecto artístico tiene restos de murallas e incluso algunos lienzos ruinosos del antiguo castillo. La parroquia de la Asunción, gótica de finales del XIV, tiene un retablo barroco con tallas y relieves de otro de Juan de Beauves (1563), y tres retablos romanistas del XVII, otro barroco, un Cristo yaciente en caja de cristal y un Crucificado gótico del s XIV procedente de la ermita San Adrián. El convento de las nedictinas tenía otras muchas obras de arte como una bella Inmaculada de Escalante, han sido trasladadas al convento de Alcuza.

El recorrido por la villa descubre casas palacianas, el Ayuntamiento y casa Antiedificaciones típicas de piedra ladrillo, barrios que aún guarda el antiguo sabor gremial, com del Horno, y rincones de c, colgadas sobre el río, com «Txokotico».

Destacan también los pueblos medievales «de la Ida», «de Cabras» y «de Sielva», de San Bartolomé y de la Trinidad y la maravilla de la foz, gracias a sendos túneles construidos dos para el ya desaparecido del Irati.

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Ruta 2:

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Valdivar

Habría que distinguir entre la Val de Aibar o Valdaibar geográfica e histórica. La primera abarca los municipios de Aibar, Sada de Sangüesa, Leache, Ezprogui, Eslava y Lerga, y la segunda, además de estos, varios de los ayuntamientos que nosotros agrupamos -por el relevante papel que sobre ellos ha desempeñado siempre la ciudad- bajo la denominación de Tierra de Sangüesa. En dos partes muy distintas puede dividirse la Val de Aibar geográfica, la montañosa, que es la septentrional y occidental, y la que se abre hacia la Tierra de Sangüesa, suavemente inclinada hasta el río Aragón; el territorio de aquélla se resuelve en una serie de serrijones de arenisca orientados de ONO a ESE y separados por vallonadas arcilloso-margosas y el de esta en una extensa serie de glacis y terrazas. Despoblación y desolación, especialmente en el caso de Ezprogui, como se verá luego. El clima es fundamentalmente mediterráneo y la vegetación natural es también de tipo mediterráneo y submediterráneo: pino silvestre y boj, encinas y robles. Por influencia atlántica las hayas se encuentran en los altos de Sabaiza.

Con los lugares desolados de Sabaiza, Usumbelz, Guetádar, Julio, Arteta, Loya, Gardaláin e Irangoiti el Patrimonio Forestal de Navarra formó una finca llamada Ezprogui (como el municipio al que dichos términos pertenecen) de 3.475 ha, en gran parte cubierta por bosques naturales (pino silvestre, roble, quejigo) y de repoblación (pino salgareño en sus variedades P. negra austriaca y P. negra corsicana, sobre todo la primera)

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Aibar

El municipio mide 48 km2 y se extiende desde la sierra de Izco hasta el cauce del Aragón. Colinas areniscas alternan con vallonadas arcillosas y glacis de erosión. Trigo y cebada, vid y olivo y pequeñas huertas comparten el espacio con bosques residuales o de repoblación y, sobre todo, con matorrales y pastizales, que en el pasado alimentaron a una rica ganadería (lanar), hoy sustituida por la estabulada de cría y engorde; el intento de explotación comunitaria de la tierra fracasó. Aibar ofrece la bella estampa de una villa medieval defensiva cuyo caserío ha ido descendiendo o ascendiendo, según la época histórica fuese de paz o de guerra, desde o hasta lo alto de una colina donde se levantaba ya en el s. IX una importante fortaleza Navarra frente a los musulmanes y aragoneses; por su pie pasaba la calzada romana de Lumbier a Santacara y la que venía de Sangüesa y la vía jacobea que desde esta ciudad se dirigía hacia Tafalla y Puente la Reina. En su término se encuentran los despoblados medievales de Santa C a Santiago o San Jaime. Fuera de las agrícolas (bodega cooperativa, trujal, este último cerrado para asociarse con el de Arróniz) nunca tuvo industrias; el telar parroquial, fundado en 1963, desapareció; salen a trabajar a Sangüesa, Cáseda, Aoiz, etc. La población pasó de 1.706 hab. en 1860 a 1.683 en 1900, 1.480 en 1950 y 917 en 1991.

La estructura medieval de Aibar se confirma totalmente si se pasea por la villa, llena de casas con elementos góticos del siglo XVI y posteriores. La parroquia de San Pedro es un gran edificio románico, ampliado en el XVI por la zona de la cabecera; a esta época pertenece la portada principal, plateresca, Del interior, además del Cristo, destaca su retablo mayor, romanista del taller de Sangüesa-Lumbier, de muy bella factura y policromía. También son interesantes el retablo de la Virgen del Rosario, talla renacentista, y el de la Inmaculada.

En la parte baja de la población se encuentra la ermita de Santa María, una iglesia románica tardía, totalmente exenta, de cuatro tramos, con bóveda de cañón apuntado, cabecera semicircular, portada de medio punto y sencilla espadaña a los pies.

Leache

Este lugar del valle de Aibar se encuentra al pie de la sierra de Izco, en pendiente, a 593 m de altitud; se accede a él yendo de Aibar hacia el oeste por la NA-1 32 y tomando a la derecha, en seguida, la correspondiente carretera local. La extensión del municipio es de 14,8 Km., abarca el terreno comprendido entre la cresta de Izco y las cercanías de Sada de Sangüesa.

Valles y sierras, policultivo mediterráneo, robles y matorral: todo parecido a lo que hemos visto y hemos de ver en este recorrido. Creció moderadamente su población en la primera mitad del s. XIX (de 300 hab. en 1800 pasó a 366 en 1858) y no dejó de menguar después: 289 hab. en 1900, 203 en 1950, 102 en 1970 y 58 en 1991.

La orden de San Juan de Jerusalén, a quien pertenecía la villa, empezó la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora hacia el 1200. Es por tanto, un edificio tardo románico que sufrió modificaciones más tarde. Destaca la portada románica, con arquivoltas y tímpano curiosamente decorado y otra portada, también románica, de la ermita de San Martín de Tours, incrustada en la base de la torre. En su interior llaman la atención los capiteles románicos de dicha ermita que coronan los fustes de las pilas aguabenditera y bautismal y la mesa del altar.

Vueltos de Leache por la misma carretera local, se llega al cruce de la NA-132. Aquí se toma, a la derecha, la dirección Tafalla. A unos dos Km. sale un desvío que conduce a Sada de Sangüesa. No es necesario que volvamos por él de nuevo, tras visitar Ezprogui, a la NA-132, sino por otra hijuela parecida, pero más occidental.

Sada de Sangüesa

Así se llama desde el 1811-1908, por acuerdo de la Real Sociedad Geográfica (para evitar confusiones con Sada de La Coruña). El municipio es pequeño (12,7 Km.) y está accidentado por colinas y llanuras cubiertas de glacis aluviales y por barrancos, como el de Vizcaya. Sólo quedan en él algunas reliquias de robledal, porque la vegetación, degradada por el hombre, se ha reducido al estadio del matorral y los pastizales. Sada ha sido y es un pueblo vitícola y vinícola (bodega cooperativa); olivo (tuvo trujal, hasta su unión con el de Arróniz), trigo y cebada y pequeñas huertas completan el panorama de los cultivos, hoy en decadencia, así como la ganadería; diariamente salen a trabajar en las industrias de Sangüesa y Cáseda. Aparecieron algunos restos prehistóricos y romanos en el término de esta villa, que pasó por diversas manos (condado de Lerín, ducado de Alba, p. Ej.). Al sur de la localidad está la ermita de Santa Eufemia, donde se celebraban las juntas del valle de Aibar. La población está en declive: 618 hab. en 1860, 776 en 1900, 541 en 1950 y 251 en 1991.

Como en Aibar, la iglesia parroquia está en lo lato y el caserío se distribuye a sus pies. Está dedicada a San Vicente mártir y su estilo es gótico tardío. Separada de la iglesia, aunque unida a ella por un pasadizo, se yergue la torre campanario, en su origen probablemente torre defensiva. El retablo mayor es romanista y fue realizado hacia 1630 por Juan de Huici y Juan de Berroeta. Hay en Sada varias casas del siglo XVI y alguna casona M XVIII y XIX, como la del obispo Uriz, con escudo barroco y galería de arquillos abiertos en la última planta. A la entrada del pueblo hay un crucero renacentista y, en los alrededores, las ermitas de Santa Lucía, San Miguel y Santa Eufemia

Moriones

Tiene la categoría histórica del lugar y la administrativa de concejo y es la capital del distrito municipal o municipio de Ezprogui. El asentamiento se encuentra al norte de la sierra de Santa Ágata (863 m), en la orilla izquierda del barranco Vizcaya, inmediatamente después de haberse formado éste por unión de los de Gardaláin y Arteta. El concejo mide 360 ha (de las que 201 son comunales) y se extiende desde el alto de Anchurda hasta Santa Ágata, entre crestas de areniscas y barrancadas arcilloso-margosas. Tiene poco terreno de cultivo mecanizado. El éxodo rural le afectó también en los últimos años: 85 hab. en 1858, 109 en 1910, 64 en 1950 y 4 en 1991 (en dos familias).

San Martín es el patrón de Moriones y a él está dedicada su iglesia parroquial, que en lo alto contempla cómo el caserío, deshabitado en gran parte, se va desmoronando. Es un edificio barroco, de nave rectangular de cuatro tramos con cabecera recta. El acceso se hace a través de una portada sencilla de medio punto guarnecida por un pórtico de triple arcada. Su imaginería es moderna en un retablo de mazonería del siglo XVII. Se conserva la pila bautismal, pero no una Virgen con el Niño, gótica, que se trasladó al Museo Diocesano

Ayesa

Se halla situado en la parte baja. a, costerosa y solanera de la sierra de Santa Ágata (863 m)-San Miguel (741 m), integrada en el sinclinal que los geólogos llaman de Barásoain, en contacto con el piedemonte meridional del municipio de Ezprogui, al que Ayesa pertenece como uno de sus lugares y concejos.

La parte montañosa del norte ha sido tradicionalmente forestal y ganadera y la sur, agrícola; cereales, vid y olivo cuentan entre los cultivos más destacados (tuvo trujal cooperativo). Tierras pobres: «la mayor parte de las heredades hay que dejarlas descansar dos y más escribía Madoz. El concejo tiene 607 ha (299 comunales, principalmente pastos). La población pasó de 204 hab. en 1858 a 208 en 1900, 147 en 1950 y 65 en 1991.

Aunque de origen medieval, la iglesia parroquial de San Andrés fue reformada en el siglo XVI y en época barroca. Está situada en posición dominante y es de una nave, cabecera recta, portada clasicista y torre a los pies. En su interior conserva una pila de agua bendita del XVII y una pila bautismal de taza avenerada y fuste bulboso del XVI. San Miguel, en el retablo mayor, es también del XVI y el Crucificado, barroco, preside un retablo del mismo estilo. Hay además una sillería manierista, cuyo sitial principal se decora con temas rococó.

Eslava

Otra vez, a la NA-132, nos dirigimos hacia Tafalla, pasando por los municipios de Eslava y Lerga. Aquel tiene 19,3 km2 distribuidos en dos alineaciones serranas, al norte y sur, y una depresión intramontañosa por la que discurre la carretera y en la que están los pueblos y los cultivos: cebada, trigo, olivo, algunas huertas y sobre todo vid. Tiene bodega cooperativa y tuvo trujal. Hasta el siglo XIX y desde que Carlos 111 la agregase en 1425, junto con su castillo, al Condado de Lerín, fue villa de señorío. Eslava tiene un emplazamiento de pueblo-fortaleza semejante al de Sada y Aibar, con calles en semicírculo. En su término se encuentra el yacimiento romano de Santacris. Habitantes: 522 en 1858, 562 en 1900, 543 en 1950, 366 en 1970 y 185 en 1991.

La estampa de Eslava es sugestiva: el caserío se apiña a los pies de la iglesia de San Miguel y, por encima de ésta, un pinar, entre el que se asoma la ermita de Santa Bárbara, cubre la cima de la colina en que se asienta la población. la parroquia es de origen medieval, pues así lo confirman portada, torre y cripta, pero en los siglos XVI y XVII se modificaron las cubiertas y se construyeron la cabecera y el coro. Tiene un retablo romanista, el mayor, y varios barrocos y conserva, además, una talla gótica de la Virgen con el Niño procedente de Abaiz.

Lerga

Es otro asentamiento orientado al sur y defensivo del Val de Aibar histórico. Fue villa caminera y de pie de puerto (al alto de Lerga, de 753 m). Los restos romanos encontrados -aunque no tan abundantes como los de Eslava justifican la existencia de una calzada romana este-oeste, y las ruinas de los castillos -cuatro, se dice que tenía- hablan del papel defensivo que desempeñó en la Edad Media. Fue pueblo agrícola, que obtenía buenas cosechas de cereales, vid y olivo y tenía molino harinero y de aceite (en nuestro siglo, bodega y trujal cooperativos) y celebraba del 25 al 28 de Agosto una feria de ganado lanar y vacuno muy frecuentada. Desde hace años, la decadencia es grande: 464 hab. en 1860, 503 en 1900, 337 en 1950, 255 en 1970 y 103 en 1991.

La silueta de Lerga produce muy buena impresión, viniendo de Eslava, a causa del ábside románico semicircular y la potente torre de la iglesia de San Martín. En efecto, la iglesia es de finales del siglo XII, por lo que se cubre con bóveda de cañón apuntado con fajones. En el XVI y XVII se hicieron algunas reformas y, de este último queda la portada herreriana. Del interior destacan el retablo mayor romanista, una verja. a gótica del XVI que cierra el sotacoro y la sillería del coro. Camino de Abaiz se encuentra la ermita de Santa Bárbara.

Desde Lerga retornamos hacia Gallipienzo. En el trayecto contemplamos la Torre de la iglesia de Abaiz, hacia la derecha, y una vez traspasado Eslava, a unos cuatro Km., nos dirigimos hasta Gallipienzo, primero el antiguo y después el nuevo.

Gallipienzo

Cáseda y Gallipienzo -y también Peña- son municipios alargados desde el piedemonte de Val de Aibar, submediterráneo, hasta Carcastillo, mediterráneo. El dicho popular de que «Gallipienzo está en un alto … » sólo es a medias verdadero, porque la mayor parte de la población vive en el Gallipienzo Nuevo, junto al río. El viejo estaba apiñado, como pueblo defensivo y fronterizo, en torno a un castillo y a la iglesia de San Salvador; desde allí fue bajando a un nuevo barrio, el de la iglesia de San Pedro (en 1785 se suprimió la parroquia M Salvador), y con ocasión canal de las Bardenas, descendió más aún. Gallipienzo carece de industria, y las actividades rurales –ni con la ampliación del regadío- son incapaces de retener a la población. Pasó ésta de 746 hab. En 1860 a 748 en 1900, 568 en 1950, 210 en 1970 y 122 en 1991 (casi el 65% en Gallipienzo Nuevo).

La iglesia de San Salvador, en lo alto de Gallipienzo, es un edificio gótico comenzado hacia 1200, como puede verse en su cripta, y terminado en el siglo XIV. En 1975 se abandonó y los frescos superpuestos del XIV y XV que cubrían la cabecera se trasladaron en su mayor parte al Museo de Navarra. El resto del mobiliario, incluidas las pinturas del XVI y las tallas del Salvador, la Epifanía y el Calvario del Gallipienzo. Cripta de retablo renacentista, se instaló en San Salvador. la parroquia de San Pedro, gótica, pero reformada en época barroca. Destacan las tallas de Juan de Berroeta, reinstaladas en una mazonería barroca, la Virgen del Rosario, también de Berroeta, y una Virgen gótica. El barrio alto, medieval en su disposición y estructura, con elementos defensivos, se halla bastante arruinado, pero aún conserva gran pintoresquismo. En sus cercanías se encuentran los restos de la ermita de Nuestra Señora de la Peña.

Desde el poblado nuevo de Gallipienzo sale un ramal de carretera que se dirige hacia Cáseda y enlaza, antes del puente sobre el río Aragón, con el vial que viene de Aibar y que más tarde tomaremos para finalizar el presente Recorrido.

Caseda

De norte a sur este extenso municipio (85,2 km2 casi 30 km2 más que el de Gallipienzo) abarca las siguientes unidades de relieve y agrarias: 1 .0 las terrazas del Aragón en el piedemonte Val de Aibar-Tierra de Sangüesa; 2.0 la sierra de Peña, que aquí culmina a 894 m en el monte de San Pedro, llamado por los casedanos, el Bartulio, a cuyo pie se alza la villa, sobre un glacis, a 435 m de altitud, en la orilla izquierda de uno de los meandros del Aragón, con vistas sobre la Val de Aibar y la Tierra de Sangüesa tan buenas como las que ofrecen Gallipienzo y Peña; y 3.o la Bardena de Cáseda, hacia donde se inclinan suavemente los estratos de areniscas y arcillas y la superficie de los glacis de erosión. El DAH dice que en esta tierra meridional no hay ni ríos ni fuentes, sino balsas, aljibes y pozos artificiales: geográficamente es Ribera. Lo es más desde que el canal de la Bardena dilató el regadío casedano, hasta entonces de menguada extensión. Pinos carrascos y encinas, repoblaciones forestales hechas hace unas décadas, matorrales de coscoja, sabina y lentisco, gran número de corrales y cabañas, completaban su fisonomía bardenera. Más de la mitad del territorio cultivado en Cáseda es de regadío: maíz, girasol, hortalizas, espárrago, pimiento, etc.; en el secano dominan los cereales, cebada y trigo, la vid -en retroceso, hasta el punto de que la bodega cooperativa está cerrada- y el almendro habiendo desaparecido casi totalmente el olivo. Unas 10.000 cabezas de ganado lanar de vecinos y forasteros había hacia 1800; hoy hay muchas menos, y alguna granja de vacuno de leche. Pero la riqueza principal proviene de la industrial local y exterior; además de la empresa conservera de espárrago y pimiento, hay otra muy importante que fabrica tripa celulósica para salchichas, con 253 empleados en 1990. Históricamente, Cáseda ha sido también una villa-puente, una villa-castillo y una villa-frontera. La población total M municipio osciló de acuerdo con las coyunturas de la agricultura hasta tiempos recientes; el éxodo rural fue intenso desde 1950 a 1981 pero se ha detenido en la última década. De 1.615 hab. en 1860 pasó a 1.610 en 1900, 1.886 en 1950, 1.290 en 1970, 1.049 en 1981 y 1.070 en 1991.

La situación de Cáseda en la frontera con Aragón determinó la disposición del caserío en forma defensiva, con la iglesia en alto. Todavía pueden encontrarse restos de muralla y un torreón en uno de los flancos de su plaza principal y bastantes casonas blasonadas con bellas portadas de los siglos XVI, XVII y XVIII. La iglesia de Santa María es gótica tardía y sustituyó a otra de la que quedan restos en la base de la torre, que se alza airosa al exterior del crucero. La nave, con bóveda de crucería estrellada, tiene dos portadas, una gótico-renacentista, a los pies, y otra, la principal, de estilo renacimiento y muy bella En el interior destaca el retablo mayor, de Juan de Anchieta, que empequeñece el valor del resto del mobiliario, también muy interesante. A sus lados, en el mismo presbiterio, se hallan sendos retablos romanistas de lienzos pintados por Juan de Landa, dedicados a San Miguel y Santa Catalina. Hay además un bello Crucificado gótico procedente de una ermita y varios retablos rococó. La pila bautismal siguen modelos medievales. Finalmente, el órgano, en una caja rococó, es de 1786 reformado en 1862. Sobre el pueblo se encuentra la ermita del Calvario, también llamada de San Felipe y Santiago. El puente sobre el Aragón es de nueve ojos y el mayor de los medievales después del de Tudela, aunque está muy reformado.

San Zoilo

A tres kilómetros de Cáseda por la carretera de Carcastillo, junto a la cabañera de los roncaleses, al comienzo del túnel del canal y próxima a la muga de Peña y Aragón, se encuentra la ermita de San Zoilo. Solía tener habitación para el ermitaño y una venta aneja; siempre vivieron allí una o dos familias, hasta mediados de nuestro siglo. Hoy existe un pequeño barrio de San Zoilo, habitado por casedanos.

La iglesia es gótica del siglo XIV (su construcción se hizo con ayuda del obispo Barbazán) y tiene la particularidad de que la estructura de la bóveda gótica se refleja al exterior y se cubre con lajas de piedra. Merece la pena contemplar su portada de ocho arquivoltas, con capiteles historiados y tímpano, y, si fuese posible, su interior, con claves y ménsulas decoradas con motivos diversos.

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San Isidro del Pinar

Antes de construir el canal de las Bardenas y la red de acequias que de él derivan, había por los parajes donde el instituto Nacional de Colonización establecería el actual concejo y poblado, una ermita dedicada a San isidro; se quemó en 1903 y en la actualidad está medio derruida. Figura en el Nomenclátor de población de 1887 con una casa adosada en la que vivía una familia (7 hab.) y en el de 1940 con 33 hab. Al nuevo pueblo de colonización, situado en término municipal de Cáseda, unos 13 Km. al sur de esta villa, fueron a vivir colonos principalmente casedanos. Llegó a tener 120 hab. en 1970 y 68 en 1991. También en estos poblados de colonización se nota la crisis agraria general; aunque «nuevas», las estructuras rurales no permiten explotaciones que tengan viabilidad socio-económica.