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LOLALIDADES PARA VISITAR EN LA RUTA 2

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Valdivar

Habría que distinguir entre la Val de Aibar o Valdaibar geográfica e histórica. La primera abarca los municipios de Aibar, Sada de Sangüesa, Leache, Ezprogui, Eslava y Lerga, y la segunda, además de estos, varios de los ayuntamientos que nosotros agrupamos -por el relevante papel que sobre ellos ha desempeñado siempre la ciudad- bajo la denominación de Tierra de Sangüesa. En dos partes muy distintas puede dividirse la Val de Aibar geográfica, la montañosa, que es la septentrional y occidental, y la que se abre hacia la Tierra de Sangüesa, suavemente inclinada hasta el río Aragón; el territorio de aquélla se resuelve en una serie de serrijones de arenisca orientados de ONO a ESE y separados por vallonadas arcilloso-margosas y el de esta en una extensa serie de glacis y terrazas. Despoblación y desolación, especialmente en el caso de Ezprogui, como se verá luego. El clima es fundamentalmente mediterráneo y la vegetación natural es también de tipo mediterráneo y submediterráneo: pino silvestre y boj, encinas y robles. Por influencia atlántica las hayas se encuentran en los altos de Sabaiza.

Con los lugares desolados de Sabaiza, Usumbelz, Guetádar, Julio, Arteta, Loya, Gardaláin e Irangoiti el Patrimonio Forestal de Navarra formó una finca llamada Ezprogui (como el municipio al que dichos términos pertenecen) de 3.475 ha, en gran parte cubierta por bosques naturales (pino silvestre, roble, quejigo) y de repoblación (pino salgareño en sus variedades P. negra austriaca y P. negra corsicana, sobre todo la primera).

Aibar

El municipio mide 48 km2 y se extiende desde la sierra de Izco hasta el cauce del Aragón. Colinas areniscas alternan con vallonadas arcillosas y glacis de erosión. Trigo y cebada, vid y olivo y pequeñas huertas comparten el espacio con bosques residuales o de repoblación y, sobre todo, con matorrales y pastizales, que en el pasado alimentaron a una rica ganadería (lanar), hoy sustituida por la estabulada de cría y engorde; el intento de explotación comunitaria de la tierra fracasó. Aibar ofrece la bella estampa de una villa medieval defensiva cuyo caserío ha ido descendiendo o ascendiendo, según la época histórica fuese de paz o de guerra, desde o hasta lo alto de una colina donde se levantaba ya en el s. IX una importante fortaleza Navarra frente a los musulmanes y aragoneses; por su pie pasaba la calzada romana de Lumbier a Santacara y la que venía de Sangüesa y la vía jacobea que desde esta ciudad se dirigía hacia Tafalla y Puente la Reina. En su término se encuentran los despoblados medievales de Santa C a Santiago o San Jaime. Fuera de las agrícolas (bodega cooperativa, trujal, este último cerrado para asociarse con el de Arróniz) nunca tuvo industrias; el telar parroquial, fundado en 1963, desapareció; salen a trabajar a Sangüesa, Cáseda, Aoiz, etc. La población pasó de 1.706 hab. en 1860 a 1.683 en 1900, 1.480 en 1950 y 917 en 1991.

La estructura medieval de Aibar se confirma totalmente si se pasea por la villa, llena de casas con elementos góticos del siglo XVI y posteriores. La parroquia de San Pedro es un gran edificio románico, ampliado en el XVI por la zona de la cabecera; a esta época pertenece la portada principal, plateresca, Del interior, además del Cristo, destaca su retablo mayor, romanista del taller de Sangüesa-Lumbier, de muy bella factura y policromía. También son interesantes el retablo de la Virgen del Rosario, talla renacentista, y el de la Inmaculada.

En la parte baja de la población se encuentra la ermita de Santa María, una iglesia románica tardía, totalmente exenta, de cuatro tramos, con bóveda de cañón apuntado, cabecera semicircular, portada de medio punto y sencilla espadaña a los pies.

Leache

Este lugar del valle de Aibar se encuentra al pie de la sierra de Izco, en pendiente, a 593 m de altitud; se accede a él yendo de Aibar hacia el oeste por la NA-1 32 y tomando a la derecha, en seguida, la correspondiente carretera local. La extensión del municipio es de 14,8 Km., abarca el terreno comprendido entre la cresta de Izco y las cercanías de Sada de Sangüesa.

Valles y sierras, policultivo mediterráneo, robles y matorral: todo parecido a lo que hemos visto y hemos de ver en este recorrido. Creció moderadamente su población en la primera mitad del s. XIX (de 300 hab. en 1800 pasó a 366 en 1858) y no dejó de menguar después: 289 hab. en 1900, 203 en 1950, 102 en 1970 y 58 en 1991.

La orden de San Juan de Jerusalén, a quien pertenecía la villa, empezó la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora hacia el 1200. Es por tanto, un edificio tardo románico que sufrió modificaciones más tarde. Destaca la portada románica, con arquivoltas y tímpano curiosamente decorado y otra portada, también románica, de la ermita de San Martín de Tours, incrustada en la base de la torre. En su interior llaman la atención los capiteles románicos de dicha ermita que coronan los fustes de las pilas aguabenditera y bautismal y la mesa del altar.

Vueltos de Leache por la misma carretera local, se llega al cruce de la NA-132. Aquí se toma, a la derecha, la dirección Tafalla. A unos dos Km. sale un desvío que conduce a Sada de Sangüesa. No es necesario que volvamos por él de nuevo, tras visitar Ezprogui, a la NA-132, sino por otra hijuela parecida, pero más occidental.

Sada de Sangüesa

Así se llama desde el 1811-1908, por acuerdo de la Real Sociedad Geográfica (para evitar confusiones con Sada de La Coruña). El municipio es pequeño (12,7 Km.) y está accidentado por colinas y llanuras cubiertas de glacis aluviales y por barrancos, como el de Vizcaya. Sólo quedan en él algunas reliquias de robledal, porque la vegetación, degradada por el hombre, se ha reducido al estadio del matorral y los pastizales. Sada ha sido y es un pueblo vitícola y vinícola (bodega cooperativa); olivo (tuvo trujal, hasta su unión con el de Arróniz), trigo y cebada y pequeñas huertas completan el panorama de los cultivos, hoy en decadencia, así como la ganadería; diariamente salen a trabajar en las industrias de Sangüesa y Cáseda. Aparecieron algunos restos prehistóricos y romanos en el término de esta villa, que pasó por diversas manos (condado de Lerín, ducado de Alba, p. Ej.). Al sur de la localidad está la ermita de Santa Eufemia, donde se celebraban las juntas del valle de Aibar. La población está en declive: 618 hab. en 1860, 776 en 1900, 541 en 1950 y 251 en 1991.

Como en Aibar, la iglesia parroquia está en lo lato y el caserío se distribuye a sus pies. Está dedicada a San Vicente mártir y su estilo es gótico tardío. Separada de la iglesia, aunque unida a ella por un pasadizo, se yergue la torre campanario, en su origen probablemente torre defensiva. El retablo mayor es romanista y fue realizado hacia 1630 por Juan de Huici y Juan de Berroeta. Hay en Sada varias casas del siglo XVI y alguna casona M XVIII y XIX, como la del obispo Uriz, con escudo barroco y galería de arquillos abiertos en la última planta. A la entrada del pueblo hay un crucero renacentista y, en los alrededores, las ermitas de Santa Lucía, San Miguel y Santa Eufemia

Moriones

Tiene la categoría histórica del lugar y la administrativa de concejo y es la capital del distrito municipal o municipio de Ezprogui. El asentamiento se encuentra al norte de la sierra de Santa Ágata (863 m), en la orilla izquierda del barranco Vizcaya, inmediatamente después de haberse formado éste por unión de los de Gardaláin y Arteta. El concejo mide 360 ha (de las que 201 son comunales) y se extiende desde el alto de Anchurda hasta Santa Ágata, entre crestas de areniscas y barrancadas arcilloso-margosas. Tiene poco terreno de cultivo mecanizado. El éxodo rural le afectó también en los últimos años: 85 hab. en 1858, 109 en 1910, 64 en 1950 y 4 en 1991 (en dos familias).

San Martín es el patrón de Moriones y a él está dedicada su iglesia parroquial, que en lo alto contempla cómo el caserío, deshabitado en gran parte, se va desmoronando. Es un edificio barroco, de nave rectangular de cuatro tramos con cabecera recta. El acceso se hace a través de una portada sencilla de medio punto guarnecida por un pórtico de triple arcada. Su imaginería es moderna en un retablo de mazonería del siglo XVII. Se conserva la pila bautismal, pero no una Virgen con el Niño, gótica, que se trasladó al Museo Diocesano

Ayesa

Se halla situado en la parte baja. a, costerosa y solanera de la sierra de Santa Ágata (863 m)-San Miguel (741 m), integrada en el sinclinal que los geólogos llaman de Barásoain, en contacto con el piedemonte meridional del municipio de Ezprogui, al que Ayesa pertenece como uno de sus lugares y concejos.

La parte montañosa del norte ha sido tradicionalmente forestal y ganadera y la sur, agrícola; cereales, vid y olivo cuentan entre los cultivos más destacados (tuvo trujal cooperativo). Tierras pobres: «la mayor parte de las heredades hay que dejarlas descansar dos y más escribía Madoz. El concejo tiene 607 ha (299 comunales, principalmente pastos). La población pasó de 204 hab. en 1858 a 208 en 1900, 147 en 1950 y 65 en 1991.

Aunque de origen medieval, la iglesia parroquial de San Andrés fue reformada en el siglo XVI y en época barroca. Está situada en posición dominante y es de una nave, cabecera recta, portada clasicista y torre a los pies. En su interior conserva una pila de agua bendita del XVII y una pila bautismal de taza avenerada y fuste bulboso del XVI. San Miguel, en el retablo mayor, es también del XVI y el Crucificado, barroco, preside un retablo del mismo estilo. Hay además una sillería manierista, cuyo sitial principal se decora con temas rococó.

Eslava

Otra vez, a la NA-132, nos dirigimos hacia Tafalla, pasando por los municipios de Eslava y Lerga. Aquel tiene 19,3 km2 distribuidos en dos alineaciones serranas, al norte y sur, y una depresión intramontañosa por la que discurre la carretera y en la que están los pueblos y los cultivos: cebada, trigo, olivo, algunas huertas y sobre todo vid. Tiene bodega cooperativa y tuvo trujal. Hasta el siglo XIX y desde que Carlos 111 la agregase en 1425, junto con su castillo, al Condado de Lerín, fue villa de señorío. Eslava tiene un emplazamiento de pueblo-fortaleza semejante al de Sada y Aibar, con calles en semicírculo. En su término se encuentra el yacimiento romano de Santacris. Habitantes: 522 en 1858, 562 en 1900, 543 en 1950, 366 en 1970 y 185 en 1991.

La estampa de Eslava es sugestiva: el caserío se apiña a los pies de la iglesia de San Miguel y, por encima de ésta, un pinar, entre el que se asoma la ermita de Santa Bárbara, cubre la cima de la colina en que se asienta la población. la parroquia es de origen medieval, pues así lo confirman portada, torre y cripta, pero en los siglos XVI y XVII se modificaron las cubiertas y se construyeron la cabecera y el coro. Tiene un retablo romanista, el mayor, y varios barrocos y conserva, además, una talla gótica de la Virgen con el Niño procedente de Abaiz.

Lerga

Es otro asentamiento orientado al sur y defensivo del Val de Aibar histórico. Fue villa caminera y de pie de puerto (al alto de Lerga, de 753 m). Los restos romanos encontrados -aunque no tan abundantes como los de Eslava justifican la existencia de una calzada romana este-oeste, y las ruinas de los castillos -cuatro, se dice que tenía- hablan del papel defensivo que desempeñó en la Edad Media. Fue pueblo agrícola, que obtenía buenas cosechas de cereales, vid y olivo y tenía molino harinero y de aceite (en nuestro siglo, bodega y trujal cooperativos) y celebraba del 25 al 28 de Agosto una feria de ganado lanar y vacuno muy frecuentada. Desde hace años, la decadencia es grande: 464 hab. en 1860, 503 en 1900, 337 en 1950, 255 en 1970 y 103 en 1991.

La silueta de Lerga produce muy buena impresión, viniendo de Eslava, a causa del ábside románico semicircular y la potente torre de la iglesia de San Martín. En efecto, la iglesia es de finales del siglo XII, por lo que se cubre con bóveda de cañón apuntado con fajones. En el XVI y XVII se hicieron algunas reformas y, de este último queda la portada herreriana. Del interior destacan el retablo mayor romanista, una verja. a gótica del XVI que cierra el sotacoro y la sillería del coro. Camino de Abaiz se encuentra la ermita de Santa Bárbara.

Desde Lerga retornamos hacia Gallipienzo. En el trayecto contemplamos la Torre de la iglesia de Abaiz, hacia la derecha, y una vez traspasado Eslava, a unos cuatro Km., nos dirigimos hasta Gallipienzo, primero el antiguo y después el nuevo.

Gallipienzo

Cáseda y Gallipienzo -y también Peña- son municipios alargados desde el piedemonte de Val de Aibar, submediterráneo, hasta Carcastillo, mediterráneo. El dicho popular de que «Gallipienzo está en un alto ... » sólo es a medias verdadero, porque la mayor parte de la población vive en el Gallipienzo Nuevo, junto al río. El viejo estaba apiñado, como pueblo defensivo y fronterizo, en torno a un castillo y a la iglesia de San Salvador; desde allí fue bajando a un nuevo barrio, el de la iglesia de San Pedro (en 1785 se suprimió la parroquia M Salvador), y con ocasión canal de las Bardenas, descendió más aún. Gallipienzo carece de industria, y las actividades rurales –ni con la ampliación del regadío- son incapaces de retener a la población. Pasó ésta de 746 hab. En 1860 a 748 en 1900, 568 en 1950, 210 en 1970 y 122 en 1991 (casi el 65% en Gallipienzo Nuevo).

La iglesia de San Salvador, en lo alto de Gallipienzo, es un edificio gótico comenzado hacia 1200, como puede verse en su cripta, y terminado en el siglo XIV. En 1975 se abandonó y los frescos superpuestos del XIV y XV que cubrían la cabecera se trasladaron en su mayor parte al Museo de Navarra. El resto del mobiliario, incluidas las pinturas del XVI y las tallas del Salvador, la Epifanía y el Calvario del Gallipienzo. Cripta de retablo renacentista, se instaló en San Salvador. la parroquia de San Pedro, gótica, pero reformada en época barroca. Destacan las tallas de Juan de Berroeta, reinstaladas en una mazonería barroca, la Virgen del Rosario, también de Berroeta, y una Virgen gótica. El barrio alto, medieval en su disposición y estructura, con elementos defensivos, se halla bastante arruinado, pero aún conserva gran pintoresquismo. En sus cercanías se encuentran los restos de la ermita de Nuestra Señora de la Peña.

Desde el poblado nuevo de Gallipienzo sale un ramal de carretera que se dirige hacia Cáseda y enlaza, antes del puente sobre el río Aragón, con el vial que viene de Aibar y que más tarde tomaremos para finalizar el presente Recorrido.

Caseda

De norte a sur este extenso municipio (85,2 km2 casi 30 km2 más que el de Gallipienzo) abarca las siguientes unidades de relieve y agrarias: 1 .0 las terrazas del Aragón en el piedemonte Val de Aibar-Tierra de Sangüesa; 2.0 la sierra de Peña, que aquí culmina a 894 m en el monte de San Pedro, llamado por los casedanos, el Bartulio, a cuyo pie se alza la villa, sobre un glacis, a 435 m de altitud, en la orilla izquierda de uno de los meandros del Aragón, con vistas sobre la Val de Aibar y la Tierra de Sangüesa tan buenas como las que ofrecen Gallipienzo y Peña; y 3.o la Bardena de Cáseda, hacia donde se inclinan suavemente los estratos de areniscas y arcillas y la superficie de los glacis de erosión. El DAH dice que en esta tierra meridional no hay ni ríos ni fuentes, sino balsas, aljibes y pozos artificiales: geográficamente es Ribera. Lo es más desde que el canal de la Bardena dilató el regadío casedano, hasta entonces de menguada extensión. Pinos carrascos y encinas, repoblaciones forestales hechas hace unas décadas, matorrales de coscoja, sabina y lentisco, gran número de corrales y cabañas, completaban su fisonomía bardenera. Más de la mitad del territorio cultivado en Cáseda es de regadío: maíz, girasol, hortalizas, espárrago, pimiento, etc.; en el secano dominan los cereales, cebada y trigo, la vid -en retroceso, hasta el punto de que la bodega cooperativa está cerrada- y el almendro habiendo desaparecido casi totalmente el olivo. Unas 10.000 cabezas de ganado lanar de vecinos y forasteros había hacia 1800; hoy hay muchas menos, y alguna granja de vacuno de leche. Pero la riqueza principal proviene de la industrial local y exterior; además de la empresa conservera de espárrago y pimiento, hay otra muy importante que fabrica tripa celulósica para salchichas, con 253 empleados en 1990. Históricamente, Cáseda ha sido también una villa-puente, una villa-castillo y una villa-frontera. La población total M municipio osciló de acuerdo con las coyunturas de la agricultura hasta tiempos recientes; el éxodo rural fue intenso desde 1950 a 1981 pero se ha detenido en la última década. De 1.615 hab. en 1860 pasó a 1.610 en 1900, 1.886 en 1950, 1.290 en 1970, 1.049 en 1981 y 1.070 en 1991.

La situación de Cáseda en la frontera con Aragón determinó la disposición del caserío en forma defensiva, con la iglesia en alto. Todavía pueden encontrarse restos de muralla y un torreón en uno de los flancos de su plaza principal y bastantes casonas blasonadas con bellas portadas de los siglos XVI, XVII y XVIII. La iglesia de Santa María es gótica tardía y sustituyó a otra de la que quedan restos en la base de la torre, que se alza airosa al exterior del crucero. La nave, con bóveda de crucería estrellada, tiene dos portadas, una gótico-renacentista, a los pies, y otra, la principal, de estilo renacimiento y muy bella En el interior destaca el retablo mayor, de Juan de Anchieta, que empequeñece el valor del resto del mobiliario, también muy interesante. A sus lados, en el mismo presbiterio, se hallan sendos retablos romanistas de lienzos pintados por Juan de Landa, dedicados a San Miguel y Santa Catalina. Hay además un bello Crucificado gótico procedente de una ermita y varios retablos rococó. La pila bautismal siguen modelos medievales. Finalmente, el órgano, en una caja rococó, es de 1786 reformado en 1862. Sobre el pueblo se encuentra la ermita del Calvario, también llamada de San Felipe y Santiago. El puente sobre el Aragón es de nueve ojos y el mayor de los medievales después del de Tudela, aunque está muy reformado.

San Zoilo

LA tres kilómetros de Cáseda por la carretera de Carcastillo, junto a la cabañera de los roncaleses, al comienzo del túnel del canal y próxima a la muga de Peña y Aragón, se encuentra la ermita de San Zoilo. Solía tener habitación para el ermitaño y una venta aneja; siempre vivieron allí una o dos familias, hasta mediados de nuestro siglo. Hoy existe un pequeño barrio de San Zoilo, habitado por casedanos.

La iglesia es gótica del siglo XIV (su construcción se hizo con ayuda del obispo Barbazán) y tiene la particularidad de que la estructura de la bóveda gótica se refleja al exterior y se cubre con lajas de piedra. Merece la pena contemplar su portada de ocho arquivoltas, con capiteles historiados y tímpano, y, si fuese posible, su interior, con claves y ménsulas decoradas con motivos diversos.

San Isidro del Pinar

Antes de construir el canal de las Bardenas y la red de acequias que de él derivan, había por los parajes donde el instituto Nacional de Colonización establecería el actual concejo y poblado, una ermita dedicada a San isidro; se quemó en 1903 y en la actualidad está medio derruida. Figura en el Nomenclátor de población de 1887 con una casa adosada en la que vivía una familia (7 hab.) y en el de 1940 con 33 hab. Al nuevo pueblo de colonización, situado en término municipal de Cáseda, unos 13 Km. al sur de esta villa, fueron a vivir colonos principalmente casedanos. Llegó a tener 120 hab. en 1970 y 68 en 1991. También en estos poblados de colonización se nota la crisis agraria general; aunque «nuevas», las estructuras rurales no permiten explotaciones que tengan viabilidad socio-económica.